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viernes, 5 de diciembre de 2008

EN NOCHEBUENA

Vicente W. Querol

Vicente W. Querol (1836-1889)
EN NOCHEBUENA
I
Un año más en el hogar paterno
celebramos la fiesta del Dios-Niño,
símbolo augusto del amor eterno,
cuando cubre los montes el invierno
con su manto de armiño.

II
Como en el día de la fausta boda
o en el que el santo de los padres llega,
la turba alegre de los niños juega,
y en la ancha sala la familia toda
de noche se congrega.

III
La roja lumbre de los troncos brilla
del pequeño dormido en la mejilla,
que con tímido afán su madre besa,
y se refleja alegre en la vajilla
de la dispuesta mesa.

IV
A su sobrino, que lo escucha atento,
mi hermana dice el pavoroso cuento,
y mi otra hermana la canción modula,
que o bien surge vibrante, o bien ondula
prolongada en el viento.

V
Mi madre tiende las rugosas manos
al nieto que huye por la blanda alfombra.
Hablan de pie mi padre y mis hermanos,
mientras yo, recatándome en la sombra,
pienso en hondos arcanos.

VI
Pienso que de los días de ventura
las horas van apresurando el paso,
y que empaña el Oriente niebla oscura,
cuando aún el rayo trémulo fulgura
último del ocaso.

VII
¡Padres míos, mi amor! ¡Cómo envenena
las breves dichas el temor del daño!
Hoy presidís nuestra modesta cena;
pero en el porvenir... yo sé que un año
vendrá sin nochebuena.

VIII
Vendrá, y las que hoy son risas y alborozo,
serán muda aflicción y hondo sollozo.
No cantará mi hermana, y mi sobrina
no escuchará la historia peregrina
que le da miedo y gozo.

IX
No dará nuestro hogar rojos destellos
sobre el limpio cristal de la vajilla,
y, si alguien osa hablar, será de aquéllos
que hoy honran nuestra fiesta tan sencilla
con sus blancos cabellos.

X
Blancos cabellos cuya amada hebra
es cual corona de laurel de plata,
mejor que esas coronas que celebra
la vil lisonja, la ignorancia acata,
y el infortunio quiebra.

XI
¡Padres míos, mi amor! Cuando contemplo
la sublime bondad de vuestro rostro,
mi alma a los trances de la vida templo,
y ante esa imagen para orar me postro,
cual me postro en el templo.

XII
Cada arruga que surca ese semblante
es del trabajo la profunda huella,
o fue un dolor de vuestro pecho amante.
La historia fiel de una época distante
puedo leer yo en ella.

XIII
La historia de los tiempos sin ventura
en que luchasteis con la adversa suerte,
y en que, tras negras horas de amargura,
mi madre se sintió más noble y pura
y mi padre más fuerte.

XIV
Cuando la noche toda en la cansada
labor tuvisteis vuestros ojos fijos,
y, al venceros el sueño a la alborada,
fuerzas os dio posar vuestra mirada
en los dormidos hijos.

XV
Las lágrimas correr una tras una
con noble orgullo por mi faz yo siento,
pensando que hayan sido, por fortuna,
esas honradas manos mi sustento
y esos brazos mi cuna.

XVI
¡Padres míos, mi amor! Mi alma quisiera
pagaros hoy la que en mi edad primera
sufristeis sin gemir, lenta agonía,
y que cada dolor de entonces fuera
germen de una alegría.

XVII
Entonces vuestro mal curaba el gozo
de ver al hijo convertirse en mozo,
mientras que al verme yo en vuestra presencia,
siento mi dicha ahogada en el sollozo
de una temida ausencia.

XVIII
Si el vigor juvenil volver de nuevo
pudiese a vuestra edad, ¿por qué estas penas?
Yo os daría mi sangre de mancebo,
tornando así con ella a vuestras venas
esta vida que os debo.

XIX
Que de tal modo la aflicción me embarga,
pensando en la posible despedida,
que imagino ha de ser tarea amarga
llevar la vida, como inútil carga,
después de vuestra vida.

XX
Ese plazo fatal, sordo, inflexible,
miro acercarse con profundo espanto,
Y en dudas grita el corazón sensible:
«Si aplacar al destino es imposible,
¿para qué amarnos tanto?»

XXI
Para estar juntos en la vida eterna
cuando acabe esta vida transitoria.
Si Dios, que el curso universal gobierna,
nos devuelve en el cielo esta unión tierna,
yo no aspiro a más gloria.

XXII
Pero en tanto, buen Dios, mi mejor palma
será que prolonguéis la dulce calma
que hoy nuestro hogar en su recinto encierra:
para marchar yo solo por la tierra
no hay fuerzas en mi alma.

lunes, 1 de diciembre de 2008

"LAS COPLAS"*

Antonio Machado



Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.


Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

domingo, 30 de noviembre de 2008

"A mis soledades voy..."

A mis soledades voy

[Poema: Texto completo]

Lope de Vega
Y aquí van estas "coplillas"
de "El Fénix de los Ingenios":



A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

El dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo,
su locura en su arrogancia,
mi humildad en su desprecio.

O sabe naturaleza
más que supo en otro tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.

Sólo sé que no sé nada,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.

Señales son del jüicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más
otros por cartas de menos.

Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres
que desde entonces no ha vuelto.
En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los extraños
y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento,

y algunos inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.

Virtud y filosofía
peregrina como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento;
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!

Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.

Ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, afirmaron
parabién, ni pascua dieron.

Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

jueves, 31 de julio de 2008

Y TAMBIÉN VICEVERSA

Viceversa

Mario Benedetti

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

POEMA 20


Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

RIMAS

Rima LIII
Gustavo Adolfo Bécquer

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres,
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquéllas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
¡así no te querrán!