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sábado, 2 de agosto de 2008

SOCIEDAD DE MASAS

INFLUENCIA MANIFIESTA E INFLUENCIA OCULTA EN LA
COMUNICACIÓN
Al finalizar el siglo XIX aparece un fenómeno nuevo en la vida social, que se denominó cultura de masas o sociedad de masas. Nace así un “nuevo tipo de hombre”: el hombre masa, que no es necesariamente el hombre masificado
El fenómeno de las masas exigió el desarrollo de la Psicología de las masas para explicar la “metamorfosis” de los individuos en una multitud y explicitar las emociones, pensamientos y eventual violencia de dicha multitud. Así nace una teoría de la influencia y contaminación progresiva y una teoría de la influencia y contaminación a distancia. En ésta los medios de comunicación masiva juegan un papel muy importante (sobre todo la prensa).
En las primeras décadas del siglo XX se observa un cambio de tendencia. Ciertos grupos bien identificados sienten la necesidad de una transformación: rechazan la sociedad masificada y pretenden una que sea más democrática y en la cual el anonimato y la falta de identidad no sean la regla. Aquí también la intensificación de la comunicación produjo una mayor consciencia de la injusticia inherente a la sociedad masificada en sí contradictoria, porque la originalidad y la individualidad son como una necesidad económica: ¿entonces por qué la sociedad de masas? La misma sociedad masificada engendró la herejía de la búsqueda de la individualidad.
Esta misma búsqueda fue la que se dio en el terreno estético, como lo atestiguan los movimientos de vanguardia, desde el surrealismo hasta el Pop Art. De aquí a la cultura de las minorías ya sólo quedaba un paso.
La propuesta, hoy, ya no es explicar la realidad de una sociedad de masas, sino responder a la siguiente cuestión: ¿cómo puede una minoría influir en las opiniones y conducta de la mayoría? Resalta la necesidad de desarrollar una psicología social de las minorías, ya que éstas son un componente real de la vida social. Las minorías han llegado a ser, digamos, “normales”, lo cual exige que se explique su papel en el terreno de la influencia social, sobre todo cuando sabemos que ésta no depende sólo de factores como la multitud, la jerarquía y la competencia, sino también de factores psíquicos más sutiles.
Los diversos estudios en psicología social parecen apuntar en el sentido de que, si la minoría desviante es firme en la defensa de su opinión, puede inculcar a una mayoría su sistema de valores y creencias, si se dan las siguientes condiciones:
· La minoría asume una posición desviante pertinente en determinado momento.
· La minoría posee medios materiales e intelectuales que le permitan sostener la posición conflictiva.
· La minoría tiene la posibilidad de provocar un conflicto.
· La ausencia de compromiso de la minoría hace que la mayoría ceda para solucionar el conflicto.
· La minoría no depende tanto de su número cuanto de la manera como vive y defiende su postura.
Por otra parte, siguiendo la tesis de la espiral del silencia de Noelle-Neumann, la mayoría se inclina al silencia por el miedo a suscitar un conflicto; esto puede ser aprovechado por la minoría que sabe que sólo provocando el conflicto puede dar curso al cambio. Además, el cambio de opinión ocurre más por el extremismo y consistencia de la minoría que por el contenido de la opinión. Esto significa, pues, que la capacidad de desencadenar el conflicto y el comportamiento consistente y extremo son esenciales en el fenómeno de la influencia social: las minorías pueden actuar de manera persuasiva siempre y cuando defiendan resueltamente su punto de vista.
También se ha observado que las sociedades “cerradas”, en las cuales la presión al conformismo social es mayor, hacen más vulnerables a sus miembros frente a las presiones de cambio de las minorías, que buscan una sociedad “original” y creadora. En términos cualitativos, los grupos e individuos desviantes son considerados “mejores” que los grupos e individuos conformistas.
Al hablar de persuasión oculta no hay que pensar tanto en la percepción “subliminal”, sino mejor en la influencia de las minorías que, sin ser oculta, sí actúa sobre nosotros sin que nos demos cuenta: el individuo puede resistir externamente a la presión de la minoría, pero en su fuero interno es influenciado. Por otra parte, la influencia de las minorías se ejerce sobre opiniones asociadas con el mensaje, pero no directamente contenidas en él. Las minorías ejercen una influencia indirecta, oculta, inadvertida muchas veces, pero eficaz.
Esto significa que, mientras más extrema o rígida es una minoría, menos influencia ejerce sobre las opiniones explícitamente expresadas por el mensaje; pero la influencia sobre los mensajes asociados es mayor. Se cita para corroborar este tesis el fenómeno de la criptomnesia (literalmente: memoria oculta) social o plagio involuntario, así como el fenómeno del sleeper effect, es decir, el hecho de que un mensaje, en el momento de su emisión, no tiene efecto, pero puede actuar con un retraso temporal (dos semanas o hasta dos meses después de su emisión-recepción), bajo la condición de que el mensaje de la minoría sea rígido y pertinente; tal mensaje dejará una huella más profunda cuanto más radical resulta. Por eso se afirma que las minorías modifican nuestras ideas y nuestros comportamientos indirectamente y por medios desviados, es decir, precisamente ahí donde no tenían “intención” de hacerlo (y cuando no tenemos la libertad de elegir).
También puede citarse el efecto de la after-image cromática: la influencia ejercida por una minoría consistente puedo modificar la percepción de los colores de un individuo; curiosamente, la influencia es mayor cuando la fuente de influencia está ausente, por lo cual es posible concluir que la influencia oculta es posible y difícil de prevenir. Puede incluso suceder que, en el caso de una minoría, la ausencia de sus efectos visibles entrañe la existencia de fuertes efectos invisibles.
La incubación social de las minorías ocurre en tres fases silenciosas:
· Ruptura de la resistencia al cambio.
· Sometimiento en lo privado a las nuevas influencia (fase de la ignorancia pluralista: el saber individual del cambio frente al no saber social del cambio).
· Expansión súbita del cambio.
Por último, una consideración sobre el llamado efecto perverso, es decir, la obtención de un resultado opuesto al buscado, como cuando los medios de comunicación masiva dan tanta atención a conductas desviantes o minoritarias, que terminan por instalarlas en la normalidad social.
El fenómeno de las minorías deberá ser un tema de primer plano para la Psicosociología.

PSICOLOGÍA

EL INTERACCIONISMO SIMBÓLICO

La noción de interacción (personal y/o social) es uno de los conceptos fundamentales de la psicosociología y es, además, una de las pocas nociones verdaderamente pluridisciplinarias. Desde luego, esto no implica que la noción de interacción sea unívoca. En realidad, hay por lo menos tres sentidos en los que suele usarse:
· Como relación causa efecto: aquí se concibe la interacción como causalidad unidireccional o de intercambio de información. El individuo A interviene como estímulo de la respuesta de B, y viceversa.
· Como afiliación: puesto que existe una tendencia fundamental del individuo a afiliarse a los demás, de manera que varios individuos confluyan y sean necesarios los unos a los otros.
· Como unidad psicosocial: no se define unidireccionalmente, como una respuesta de B a A, sino como una anticipación de B a A. Hay un acoplamiento recíproco
En consecuencia, hay fenómenos de interacción que no pueden explicarse por simple generalización de factores psíquicos y sociales. Es necesario recurrir al concepto constructivista de la interacción psicosocial. Ningún resultado está determinado con anterioridad a la interacción: es en la interacción donde se entrelazan lo individual y lo social, de manera que se da un proceso tripolar: lo psíquico (individual), lo sociológico (colectivo) y lo psicosocial (que conjuga la interacción individuo-sociedad).
El llamado interaccionismo simbólico, fundamentado en la filosofía fenomenológica, pone énfasis en la interacción de los individuos y en la interpretación de estos procesos de comunicación, sin prestar mucha atención a las estructuras sociales, a los sistemas y a las relaciones funcionales, sino al mundo de significados de los símbolos dentro del cual actúan los sujetos.
El método está basado en la interpretación de las acciones a partir de los elementos que se encuentran en la situación social a estudiar.
Los fundamentos teóricos más importantes son:
1. La alienación del sentido de la comunicación cotidiana, contraria a la búsqueda de identidad y del importante papel que juega en la sociedad la empatía (capacidad de ponerse en el lugar de otro).
2. La realidad social se explica a través de las interacciones de los individuos y grupos sociales (en este sentido se opone al determinismo social). Para interpretar la actuación de los grupos e individuos no es suficiente estudiar su comportamiento visible, sino también es relevante considerar su conciencia y sus pensamientos como parte de sus actuaciones (contrario al conductismo).
Esta visión está basada en una concepción teórica del hombre que lo entiende a la vez como producto y productor de su realidad social. La interpretación, el sentido de las acciones, es resultado de las interacciones que tienen una intencionalidad y un objeto; este sentido es objetivo en la medida en que la interpretación es intersubjetiva. Se llega a la interpretación de que una situación es real si los involucrados la definen como tal (pragmatismo). Los hombres construyen la verdad, es decir, la verdad no es una hipóstasis que exista en sí y por sí.
El método de esta corriente se puede caracterizar como analógico o comparativo. No parte de teorías globales, sino de conceptos relevantes para analizar los casos particulares. A través de las investigaciones comparativas y de la visión y conceptualización precisas, se intenta construir teorías que sean relevantes para las acciones participativas.
El interaccionismo simbólico busca conjugar la teoría analítica deductiva y la investigación empírico-inductiva, procurando investigar la realidad en su complejidad sin reducirla a lo que el investigador “científico" cree como esencial. No obstante, el énfasis queda en los procedimientos inductivos del método empírico. El mismo trabajo de investigación es una interacción simbólica entre el investigador y los sujetos de la investigación.
Sin duda el interaccionismo simbólico es importante porque subraya que los individuos que participan en la interacción llevan en su personalidad una gama de representaciones pre-construidas que les permiten aprehender la situación, evaluarla y reaccionar en consecuencia. Todos interactuamos en función de nuestra historia pasada y de nuestras representaciones de tipo jerárquico, de tipo no jerárquico o simétricas (o asimétricas).
Por lo que se refiere a la teoría de la atribución (creencia en la causa de un suceso), las nociones básicas son:
¨ Teoría de las inferencias correspondientes: consiste en inferir que la conducta observada y la intención que la produce corresponden a alguna cualidad de la persona, por cuanto el actor conoce tanto las consecuencias de su acción y se siente capaz de realizarla. En la realidad cotidiana, no siempre es así: ¿cuántas veces ignoramos las consecuencias de nuestras acciones?
¨ Teoría de la covariación y configuración: la atribución se basa en observaciones múltiples, de manera que pueda atribuirse un efecto a una condición que está presente cuando el efecto está presente. Aquí debemos considerar la salvedad de que muchas veces la correlación no significa precisamente causación. La tesis de la configuración supone que las causas suficientes son múltiples y que, no obstante, actuando individualmente producen el mismo efecto: varias causas pueden producir el mismo efecto; por tanto, es posible desestimar alguna de ellas y considerar sólo las más inmediatas.
El sentido común generalmente se basa en la atribución interna o externa, es decir, los sucesos sociales se imputan a factores individuales o sociales (situacionales). En realidad, la atribución que hace el sentido común es muchas veces más descriptiva que causal y está elaborada más como excusas y justificaciones que como causas objetivas. Las justificaciones suelen aceptar que el sujeto realizó una acción, aunque por una razón justificada. La excusa pretende persuadir de que la persona no es responsable de lo que hizo. Tanto las excusas como las justificaciones dejan ver claramente que el pensamiento atributivo es importante en la vida cotidiana, aunque es un hecho que la atribución en el uso común da demasiado peso a las influencias externas como causas de la conducta individual. Aunque cuando se trata de hacer atribución sobre nuestra propia conducta, generalmente tratamos de que nuestra autoestima salga bien librada.